Archivo de Enero 2009

Erase una vez… (II)

Enero 30, 2009

Retomemos el asunto de la fiesta rosa. Allí estábamos el comité de pie, enfrente de la puerta. Esperando a los invitados como en el más glamuroso pasamanos real que os podías imaginar. Recibimos uno a uno a los numerosos invitados: el señor eléctrico y su acompañante, Mr. Puglia, sujeto erasmus1, sujeto erasmus2, sujeto erasmus3, sujeto erasmus4, sujeto erasmus5… Vaya, habíamos fallado, la proporción resultante de Erasmus-Italia era de 20 a 1. Mierda. Coño. Joder. Teta. Culo. Caca. Pis. Pero bueno, aun así no pasa nada, simplemente que no somos tan populares como para que nuestra fuerza gravitacional atraiga a los hijos de Berlusconi, debemos comer más callos.

Pero, nada iba a arruinar nuestro ganas de fiesta (el señor marrón no libera su garito todos los días). El señor marrón conecto el DVD, música y a beber. A beber. Joy Division. Beber. Eskorbuto. Beber. Pachanga. Vomitar (por intentar ser tolerante). RATM. Beber. Tool. 10 minutos bebiendo. Pachanga. Diarrea. NIN. Beber y destruir.

Nada especial. Vino y Coca-Cola. Los hombres y el señor marrón bebieron whisky. Algún que otro intrépido como el señor amarillo Ron, pero no Brugal. Nada que reseñar. Típicos saltos, carcajadas, abrazos, tonterías, pintadas en cuerpos ajenos a cargo del señor rosa. Ningún misterio que desvelar, nada digno de contar, nada hasta que apareció él. Media unos 20 cm. Tenía un tapón negro como el ojete nui, un cuerpo blanco semen y un código de barras multicolor. Su aroma era exquisito, un aroma afrutado que me recordaba la Toscana. Nada más destaponarlo se destapaban los más bellos pensamientos y las dotes artísticas de quien lo portaba aumentaban exponencialmente convirtiéndolo en el Calatrava de la pintura. El señor rosa me lo presentó. No lo pude remediar. Lo agarré con fuerza y lo hice mío. Lo noté, noté como cada célula de mi cuerpo se fundía con cada micro-pigmento de su ser, como una fuerza desgarradora solo comparable con la fuerza ejercida por el pedo kalimotxero mañanero más virulento se apoderama de mi ser.

Antes de darme cuenta, allí estaba yo, utilizándolo para plasmar toda una serie de misteriosos garabatos que dejaban atónitos a los asistentes a la fiesta. Estaba como poseído, como drogado, bajo los influjos de aquello: un mono, una vaca, una girafa… Nada escapaba a mi arte. Cualquier reto que me lanzaba el público quedaba al instante batido, reflejado en la pared con una hiperrealismo digno de la mejor polaroid. Y entonces, cuando me hallaba a un paso del zenit de mi obra, de pasar a la posteridad, la jodí. Traspasé ese límite entre el arte y la mierda. Pinté la pared de casa del señor marrón. Error numero 1. Bajón.:

-Lo siento, se me fue.- dije.

-Tranquilo, casi no se ve.- me respondió el señor marrón sin mucha convicción.

En la confusión, alguien me lo arrebato de las manos. No puedo recordar nada más. Lo siguiente era observar como mi obra era profanada, como lo utilizaban, como lo manipulaban, para dibujar las impurezas más grandes que te puedas imaginar, mancillaron mi obra, y encima…. La jodieron. Él se enfado. No les gustaban sus nuevos dueños. Y la única salida que encontró fue la de pintar directamente las paredes del señor marrón para enfurecerlo y que así diese fin a la fiesta. Y así sucedió. A la tercera profanación de la pared, el señor marrón exploto en ira como grano de pus, apagó la música y nos mando a todos a tomar por culo. Cuando todo termino, el señor marón estaba paranoico, nosotros intentábamos calmarlo, pero estaba fuera de sí, como Marichalar cuando ve un escaparate de capas a mitad de precio en el que regalan un patinete por cada dos capas. Nada pudimos hacer. Fuimos despachados del paraíso. Y allí quedo mi obra inconclusa y mancillada sin ser dada a conocer. Cuando ya me dirigía hacia mi casa, lo noté. Me giré, y lo vi. Allí, estaba él el rotulador, sonriendo victorioso. En menos de una noche nos había dado y quitado todo.

-No más fiestas. Esta ha sido la última.- Concluyó el señor marrón.

¡¡Los artistas sois todos unos gambiteros!!

¡¡Los artistas sois todos unos gambiteros!!.- Grita el señor amarillo mientras enseña con orgullo el numero PIN de su móvil.

0.5+0.5=1

Enero 26, 2009

Renovarse o morir. Quiero ser un moderno de la era digital, pero parece ser que hoy en día es necesario algo más que tener gafas de semi-pasta. En este mundo de la digitalización 2.0 hay que arriesgar, hay que buscar la innovación, hay que intentar ir un paso más allá. Por todo ello, y porque me sale la de la punta del carajo he decidido ampliar mi equipo de colaboradores que hasta hoy estaba tan solo formado por mí, el señor morado, y por las pelusas ombligueras que aleatoriamente se despiertan conmigo algunas mañanas de resaca.

Tras una ardua campaña de captación, en la cual he desplegado todos los medios a mi alcance (incluida mi simpatía), tras meses y meses de borracheras sumergidas en desesperadas búsquedas, tras llantos y lloros de desesperación por la ineptitud del mundo, al final he dado con el candidato idóneo: el señor rosa.

A lo mejor no os parece un nombre muy original pero por lo menos no es el nombre de algún puto hombre santificado por evangelizar las garrapatas de la tribu Urty en algún país perdido del Asia oriental. El señor rosa, es un artista afamado, de impoluta reputación en su barrio de 5 habitantes, RosaVill. Ha recibido varios premios: El eructo de oro, la alfombrilla de plata, el premio pelusa… Es ducho en el manejo de la escobilla del wáter y también sabe emplear con destreza las tijeras de esquilar. Va siempre acompañado de su oveja Dorotea y su mayor anhelo es encontrar al superhombre que será capaz de orinar mientras hace el pino sin ensuciarse. Su aportación a esta bitácora consistirá en un producto gráfico sobre el tema que le salga de los cojones, del esfínter, de los labios, o del sobaco izquierdo. En un principio no tenemos pensado que la oveja participe en la obra, pero todo se andará. Con esta información, por hoy es suficiente. Aun así, si alguno desea más información es posible que publique algún dato más durante las próximas semanas. Y si hay alguien que no puede esperar y no puede saciar sus ansias de saber que me mande un correo a: notevoyacontestargilipollas@gmail.com.

Y bueno, sin más dilación aquí os dejo con su primera y sublime obra:

milesker-windows

Milesker Windows!!!

P.D. Mis millones de lectores me han informada que la baja resolución de la imagen les impide apreciar bien la obra. No se alteren, esperamos poder arreglarlo en el menor tiempo posible.  Nuestros mejores hombres trabajan en ello.

Erase una vez…

Enero 24, 2009

Yo, el señor morado, el comité para la preparación de fiestas anarkopopulardestruktivas, el cuartel general (lugar de culto), una mesa de roble, cuatro sillas, y algo de vino. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que lo hicimos. Demasiado. Era incapaz de recordar los detalles de la última vez. ¿Estábamos empezando a anquilosarnos?. O, peor aún, ¿es que a lo mejor ya no quedaba nada más? ¿Habríamos ya sobrepasado el límite?

Nadie decía nada, pero sobre todas nuestras malditas quijjoteras eran recorridas por las mismas preguntas. Se notaba en el ambiente. El aire era denso como el palomino de un T-Rex después de beber hectómetros de kalimotxo. Era demasiado. Llegó algo más de vino. Vino. Era una buena solución… Pero no eterna… Las becas también caducan. Entonces, de repente, y sin previó aviso, cual pedo pintor, llegó, se hizo la luz….ZASSSH!! El señor marrón lo deja caer:

-Es posible que este fin de semana esté solo en casa.- comentó sin el mayor entusiasmo, como quien añade un elemento más a una columna de datos del Excel.

Automáticamente, una sonrisa se v desplazando de cara en cara transportada por los hilos conductores de la desesperación. Era lo que todos necesitábamos oír. Dios, existe. Aleluya. El primero en tomar la palabra fui yo:

-Farra-dije. Cinco letras bastan.

-Sí, sí, sí.- corroboró el señor rojo.

-Umm, no sé, después de la que liamos la última vez. Bla, bla, bla… Todavía son visibles las marcas de aquella noche de descontrol en las paredes de mi casa. Y los demás habitantes no les pareció bien. No se que dirán. No estoy muy convencido. – ains, señor marrón.

-Eso ya no es problema. Tengo la solución. ¿Por qué no cubrimos las paredes con bolsas de basura?- .Pregunté, utilizando para ello la típica entonación de un milagroso producto de teletienda que es capaz de arreglar cualquier problema.

-Es verdad. Nosotros en la casajoven (a.k.a. gaztetxe) ya lo hemos hecho alguna vez. – añadió el señor rosa con pasmosa sabiduría.

Dos horas y media. Llego la noche. El señor marrón se bebió tres vasos. Nos calentamos. Nos imaginamos a millones de personas bailando al ritmo de nuestra exquisita selección de greites jits. Imaginamos ríos de alcohol que brotaban de las hendiduras de la pared. Sudor. Farra. Humo blanco. Humo negro. El comité había tomado una decisión. El viernes fiesta en casa del señor marrón. Solo teníamos un día para organizar todo. Más que suficiente.

A la mañana siguiente el comité se volvió a reunir. Demasiada burocracia. Lista de tareas. Primera: comprar bolsas de basura. Segunda: alcohol. Tercera: kleenex.

Una vez terminada la burocracia y el papeleo nos pusimos manos a la obra. Un comando formado por el señor rojo, el señor marrón y yo nos dirigimos a por el avituallamiento necesario. En honor al señor rosa decidimos comprar bolsas de su color, un poco de cinta aislante, alcohol y listo. Mientras tanto el señor amarillo y el señor marrón organizaban un poco el recinto ferial.

Una vez llegados al piso, comenzó el trabajo. Unas rasgaban, otros pegábamos. En una hora y media el recinto ferial estaba preparado. Todo ere alegría y alborozo. Menuda impresión. Era increíble. Era como ver el amanecer en un cuarto mientras el olor a jazmín de las bolsas activaba todos nuestros sentidos. Qué asco doy. Mierda. Demasiado cursi.

Estábamos todos de acuerdo. Faltaba algo, parecía que íbamos a celebrar bautizo de algún sangre azul. Pero que podía ser… Como en muchas otras ocasiones el señor rosa nos iluminó con su decadencia. Pintadas. Pintemos la pared. Ah, si, claro. Ahora sí. Así que manos a la obra. Primero elegimos un nombre. Un nombre, digno de una reunión popular para el cortejo y el enmoronamiento como aquella: KKDBK. El señor rosa, futuro ministro de pinta y colorea, fue el encargado de dibujar la mascota. Bien, bien. Ya falta poco. Solo quedaban unas 6 horas para el comienzo de esa descomunal bacanal.

Andamos con prisa. Hicimos una llamadas. Unos anuncios en faceboom, y a esperar…

El desenlace en un próximo episodio.