Erase una vez… (II)

By ignatiusreally

Retomemos el asunto de la fiesta rosa. Allí estábamos el comité de pie, enfrente de la puerta. Esperando a los invitados como en el más glamuroso pasamanos real que os podías imaginar. Recibimos uno a uno a los numerosos invitados: el señor eléctrico y su acompañante, Mr. Puglia, sujeto erasmus1, sujeto erasmus2, sujeto erasmus3, sujeto erasmus4, sujeto erasmus5… Vaya, habíamos fallado, la proporción resultante de Erasmus-Italia era de 20 a 1. Mierda. Coño. Joder. Teta. Culo. Caca. Pis. Pero bueno, aun así no pasa nada, simplemente que no somos tan populares como para que nuestra fuerza gravitacional atraiga a los hijos de Berlusconi, debemos comer más callos.

Pero, nada iba a arruinar nuestro ganas de fiesta (el señor marrón no libera su garito todos los días). El señor marrón conecto el DVD, música y a beber. A beber. Joy Division. Beber. Eskorbuto. Beber. Pachanga. Vomitar (por intentar ser tolerante). RATM. Beber. Tool. 10 minutos bebiendo. Pachanga. Diarrea. NIN. Beber y destruir.

Nada especial. Vino y Coca-Cola. Los hombres y el señor marrón bebieron whisky. Algún que otro intrépido como el señor amarillo Ron, pero no Brugal. Nada que reseñar. Típicos saltos, carcajadas, abrazos, tonterías, pintadas en cuerpos ajenos a cargo del señor rosa. Ningún misterio que desvelar, nada digno de contar, nada hasta que apareció él. Media unos 20 cm. Tenía un tapón negro como el ojete nui, un cuerpo blanco semen y un código de barras multicolor. Su aroma era exquisito, un aroma afrutado que me recordaba la Toscana. Nada más destaponarlo se destapaban los más bellos pensamientos y las dotes artísticas de quien lo portaba aumentaban exponencialmente convirtiéndolo en el Calatrava de la pintura. El señor rosa me lo presentó. No lo pude remediar. Lo agarré con fuerza y lo hice mío. Lo noté, noté como cada célula de mi cuerpo se fundía con cada micro-pigmento de su ser, como una fuerza desgarradora solo comparable con la fuerza ejercida por el pedo kalimotxero mañanero más virulento se apoderama de mi ser.

Antes de darme cuenta, allí estaba yo, utilizándolo para plasmar toda una serie de misteriosos garabatos que dejaban atónitos a los asistentes a la fiesta. Estaba como poseído, como drogado, bajo los influjos de aquello: un mono, una vaca, una girafa… Nada escapaba a mi arte. Cualquier reto que me lanzaba el público quedaba al instante batido, reflejado en la pared con una hiperrealismo digno de la mejor polaroid. Y entonces, cuando me hallaba a un paso del zenit de mi obra, de pasar a la posteridad, la jodí. Traspasé ese límite entre el arte y la mierda. Pinté la pared de casa del señor marrón. Error numero 1. Bajón.:

-Lo siento, se me fue.- dije.

-Tranquilo, casi no se ve.- me respondió el señor marrón sin mucha convicción.

En la confusión, alguien me lo arrebato de las manos. No puedo recordar nada más. Lo siguiente era observar como mi obra era profanada, como lo utilizaban, como lo manipulaban, para dibujar las impurezas más grandes que te puedas imaginar, mancillaron mi obra, y encima…. La jodieron. Él se enfado. No les gustaban sus nuevos dueños. Y la única salida que encontró fue la de pintar directamente las paredes del señor marrón para enfurecerlo y que así diese fin a la fiesta. Y así sucedió. A la tercera profanación de la pared, el señor marrón exploto en ira como grano de pus, apagó la música y nos mando a todos a tomar por culo. Cuando todo termino, el señor marón estaba paranoico, nosotros intentábamos calmarlo, pero estaba fuera de sí, como Marichalar cuando ve un escaparate de capas a mitad de precio en el que regalan un patinete por cada dos capas. Nada pudimos hacer. Fuimos despachados del paraíso. Y allí quedo mi obra inconclusa y mancillada sin ser dada a conocer. Cuando ya me dirigía hacia mi casa, lo noté. Me giré, y lo vi. Allí, estaba él el rotulador, sonriendo victorioso. En menos de una noche nos había dado y quitado todo.

-No más fiestas. Esta ha sido la última.- Concluyó el señor marrón.

¡¡Los artistas sois todos unos gambiteros!!

¡¡Los artistas sois todos unos gambiteros!!.- Grita el señor amarillo mientras enseña con orgullo el numero PIN de su móvil.

3 comentarios para “Erase una vez… (II)”

  1. señor rosa Dice:

    pelicanoooooooooooooooooooo
    pelicaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaano

    o algo asin!!!

  2. noa Dice:

    bárbaro.
    por cierto, zorionak por el fin de exams! a ver el comité organiza otra pronto!

  3. perogrullo Dice:

    ¡¡¡Al arte no se le pueden poner barreras!!!

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