NATT 2
Nunca lo podré olvidar. Esa imagen ha sido grabada a fuego en mi mente. Reposa en la parte derecha de mi cerebro junto otra míticas imágenes como el primer caracol muerto que vi o la primera hormiga que purgué. Era un edificio gris, no sé exactamente que tono de gris, pero creo que estaría cerca del 156. Todas sus ventanas estaban protegidas por barrotes de metalumino cálcico. La puerta blindada podría soportar incluso el más mortífero de los cabezazos del señor rojo. Según atravesabas el umbral un mostrador enorme te daba la fría bienvenida. A ambos lados había un par de indignantes rollos rojos de coja su puto ticket. Cola para eso también. No me jodas. Como en la puta charcutería del barrio. Dentro de poco tendremos que hacer cola hasta para ir al matadero. De todas formas lo peor sin duda alguna era ese ambiente extrañamente lúgubre que lo impregnaba todo.
No me jodas. No me jodas. Que se me hincha la vena. Arrrghhh. Flop, flop. El señor negro me había avisado con anterioridad, pero oírlo es una cosa y sufrirlo es otra bien distinta. Se supone que los SystemBulaget (así es como se llamaba el dichoso antro) son el único establecimiento autorizado para la venta de bebidas alcohólicas que contengan una graduación mayor de 3.5º. Un brick de vino 5€. La vena de la rabia se me hincha hasta parecer morcilla de kurrintxo… Flop, Flop. Lo que me faltaba que no me dejen emborracharme cuando y donde quiera. ¿Y como pretenden que soportemos a todos esos gilipollas? Indignación.
Después de esta traumática experiencia volvimos al albergue. Kalimotxo one more time. Hay cosas que no cambian gracias a Don Manuel. A la vista de que los bares que frecuentamos la última noche no eran muy de nuestro estilo decidimos probar suerte con un garito que tenía el atractivo nombre de KGB. La decoración ere excelente, daban ganas de coger una AK-47 y salir a la calle a purgar gilipollas con solo dar una vuelta por el bar. Aii, pero no es pelo sobaquil todo lo que reluce. Como siempre había un problema, no era su día fuerte. No había más que cuadrillas de ikeas/os tomando unas garimbillas. Así que recogimos bártulos y nos encaminamos sin rumbo esperando encontrar un oasis en el desierto. Y por una vez, lo encontramos. Allí estaba, un Rock-karaoke. Es una de esas situaciones que consiguen que se te ponga dura sin necesidad de contacto carnal.
Enfermizo garito con birra sueca a un precio módico (teniendo en cuenta que es un país donde se paga la farra con tarjeta de crédito). Al fondo un escenario, en la mesa de mezclas un autentico hevorro con afeitado a lo MotorHead. En vez de carta de vinos tenían una lista que abarcaba casi todas las canciones de rock de la historia. Se podía cantar casi cualquier canción de rock que uno gustara. Ainsss, la noche prometía. Y en general estuvo bastante bien. Mas, como siempre hubo algún problemilla: los gilipollas.
- Gilipollas numero 1: La payasa melosa que no se le ocurre otra cosa que cantar “Hurt” a las 2 de la mañana en el puto punto más álgido del pedal. ¿Y para qué? ¿Para un polvo de mierda con el inglés come alubias? No merecía la pena.
- Gilipollas numero 2: El/La negro/a que intentó ligar con el señor Negro a base de darle latigazos con unas extensiones de pelo coño.
Y así concluyó la noche. Entre cebada y guitarras eléctricas. Pero no quiero cerrar este post sin antes mandar un caluroso saludo a un amigo que conocí en ese bar: Gunter. Ese amable rubio bonachón de 2 metros y aspecto de Vikingo (¿O electro vikingo?) que tan amablemente me acariciaba el muslo de mi pierna seguramente atraído por el magnético sonido de mi voz.
LJUS 2
Más turismo. Para más información podéis visitar Google Earth.

No sé que coñó es.